Amor eterno: descubren a una pareja tomada de la mano 700 años después
Ni Romeos ni Julietas. El símbolo del amor eterno, que pervive más allá de la muerte, con auténtica vocación de eternidad, tiene un nuevo icono. No es estético, pero sí hermoso, emocionante y, sobre todo, inesperado: dos esqueletos del siglo XIV, enterrados tomados de la mano, un hallazgo realizado por arqueólogos

Y no tanto por ser únicos, porque las parejas enterradas en posición similar son moneda relativamente común en los yacimientos arqueológicos, sino por el impacto mediático que ha tenido la imagen.

Criminales, extranjeros o enfermos

Arqueólogos de la Universidad de Leicester encontraron a estos dos esqueletos enterrados en una colina junto a la Capilla de San Morrell en Leicestershire, Inglaterra, cercana al pueblod e Hallaton, “un lugar de peregrinación durante el siglo XIV”, explican.

Están convencidos de que la pareja fue enterrada tomándose de la mano, pues había suficiente espacio en la tumba para que estuvieran separados. Por otra parte, su ubicación, fuera del recinto de la iglesia, indica que podrían haber sido enterrados allí, en un lugar marginal y nada habitual, por ser “criminales, extranjeros o estar enfermos”.

De hecho, en tumbas cercanas algunos de los esqueletos mostraban posiciones un tanto forzadas, como las rodillas dobladas, problablemente por su condición médica, apuntan los arqueólogos.

Amor eterno: descubren a una pareja tomada de la mano 700 años después
En los últimos cuatro años, el proyecto de excavación ha descubierto 11 esqueletos, así como restos de construcciones y monedas de los siglos XII y XVI de distinto valor, pero ninguno como estos esqueletos, que pese a no ser sino un montón de huesos, evocan la vida con fuerza.

El amor más allá de la muerte, permanecer juntos tomados de la mano durante siglos… Es algo realmente poético y hermoso observado desde la distancia que puede darnos la máquina del tiempo, hasta tal punto que convierte la visión de dos escalofriantes esqueletos en la cálida imagen del amor verdadero. Carpe diem, parecen susurrarnos al oído…