¿Por qué bostezamos, y qué significa un bostezo largo?
Bostezo largo, cerebro grande. Lo dice la ciencia. No tanto la experiencia, pues relacionar ambos conceptos es complicado para el común de los mortales. Por eso estos estudios son como una ventana abierta a ese inconmensurable universo lleno de incógnitas que, al abrirse, nos permite conocernos un poquito mejor.

En esta ocasión, además de la ventana se abre la boca y ocurre eso que llamamos bostezo. Científicos han decidido indagar, preguntándose si no solo el ser humano, sino otras especies que también dominan este arte que deja boquiabierto, lo hacen por una razón o por otra.

Refrescarnos, la clave del bostezo

Al margen de que sea contagioso, el estudio se ha centrado en las razones fisiológicas, para concluir que no se trata de simple ociosidad o vaguería sino de algo casi contrario.

El objetivo no es otro que llevar oxígeno al cerebro para refrescarlo, sostiene este nuevo trabajo de la Universidad Estatal de Nueva York, cuyas conclusiones se publican en Biology Letters. Así pues, el estudio apoya la hipótesis de que el bostezo responde a razones fisiológicas, provocando la llegada de oxígeno excita el área cortical, aumentando la circulación sanguínea y refrescando el cerebro.

¿Por qué bostezamos, y qué significa un bostezo largo?
A la conclusión se llegó tras descubrir un patrón, es decir, una observación recurrente que tiene un hilo común. Básicamente, descubrieron que los bostezos eran más cortos en los animales que tenían un cerebro pequeño y menos neuronas en la corteza cerebral eran más cortos que en aquellos que lo tenían más grande, también con un mayor número de neuronas en esta región.

Finalmente, la conclusión es clara: a cerebros más grandes y complejos, bostezos más largos. Hay que llevar oxígeno a más neuronas. Salvo que intervengan otros factores no contemplados en el estudio, cronógrafo en mano, se ha demostrado que los primates son los reyes del bostezo. En concreto, las 12.000 millones de neuronas corticales de los seres humanos precisan uno poco más de 6 segundos de promedio. Curiosamente, los elefantes van a la par, tanto a nivel neuronal como de duración de los bostezos.