Ciencia insólita: bacterias que bailan y genes controlados con la mente
La ciencia avanza constantemente, sorprendiéndonos a diario con sus pequeños y grandes hallazgos. No sólo por los mayores o menores beneficios o ventajas que puedan aportar, sino también por ese lado curioso e impactante que adornan a algunas investigaciones.

¿Por ejemplo, sabías que se puede controlar los genes con la mente? En efecto, los genes nos vienen dados, pero a su vez se modifican por agentes externos. Lo que parece de ciencia ficción es que la mente pueda activarlos o desactivarlos. Pero así es, según han demostrado investigadores suizos, creadores de un método que es capaz de controlar un gen con ondas cerebrables. ¿Y cómo lo hace, poniéndolos a bailar? No exactamente, las danzas son cosa de las bacterias, como veremos.

Volviendo a los genes, este sistema transfiere las ondas cerebrales a una red de genes de forma inalámbrica, logrando regular la expresión de un gen según el tipo de pensamientos impulsados. Sin embargo, pese a su espectacularidad, funciona sólo en entornos muy limitados, como el cultivo de células humanas y en ratones. Si se logra perfeccionar y ampliar su aplicación, en el futuro se espera que ayude a acabar con dolores de cabeza crónicos, epilepsias y otras enfermedades neurológicas.

Las bacterias danzantes

Y, si quieres una explicación divertida y fácil de entender sobre el concepto de las bacterias magnetotácticas, dale al play y visualiza el hilarante vídeo que ha elaborado con tal fin el Instituto de Ciencia y Tecnología de Corea en colaboración con la Universidad de Twente en los Países Bajos. Verás cómo este tipo de bacterias no tarda en ponerse a bailar ante tus ojos, y sin necesidad de música.

Ciencia insólita: bacterias que bailan y genes controlados con la mente
La razón de su gusto por la danza es sencilla: pensemos que una bacteria magnetotáctica contiene cristales de magnetita en su interior, lo que permite una orientación según su campo magnético terrestre y, por la misma razón, se pondrán a contonearse si acercamos un imán. Justo eso fue lo que hicieron en el experimento: colocaron un imán motorizado y las hicieron bailar. De puro contento, los mismos científicos también se apuntaron a mover el esqueleto…