Limpiar la chatarra espacial
La caída del satélite de la Agencia Espacial Norteamericana, UARS, sobre nuestro planeta, tal y como anunciaban los expertos en astronomía, ha puesto de nuevo en evidencia la urgente necesidad de limpiar toda la chatarra espacial que orbita alrededor de la Tierra. Para evitar que cualquiera de estos 22.000 desechos pueda suponer un serio riesgo para las misiones tripuladas, o bien poner en peligro la vida en nuestro planeta, los científicos de la NASA trabajan a marchas forzadas para poner fin a este problema.

Una posibilidad podría ser con un globo gigantesco de helio que aumentaría la atracción hacia la Tierra de la aparato en cuestión, una vez que haya terminado su funcionamiento y amenaza con convertirse en basura espacial. Sin embargo, la solución favorita de los científicos de la NASA es recurrir a un láser con potencia suficiente como para desviar los trozos de chatarra en otra dirección o incluso destruirlos.

Ambas teorías podrían ser una realidad, si no fuera por la delicada situación económica en la que nos encontramos, que impide el desarrollo de cualquiera de estas dos soluciones. Asimismo, hay que tener en cuenta el considerable aumento de países que suman a la conquista espacial, lo que amenaza con llenar nuestra órbita terrestre todavía con más chatarra espacial.

El satélite UARS es el ejemplo perfecto que demuestra la importancia cada vez mayor de eliminar la basura de nuestra atmósfera. Componentes de cohetes y satélites viejos, polvo y pequeñas partículas de pintura, además de restos de explosiones podrían suponer una amenaza cada vez mayor. Otra de las medidas de la NASA para frenar esta situación, ha sido imponer una serie de cuotas de materiales que se pueden enviar al espacio para cada país. Por el momento, una solución simple y barata.