Curiosidades sobre el bostezo
El bostezo es una conducta o acción incontrolada común entre los animales vertebrados que ha sido estudiada desde un enfoque puramente descriptivo, al que hay que añadir una míriada de estudios que intentan dilucidar su significado y sus posibles causas.

La ciencia ofrece tipologías y explicaciones muy distintas a esa espontánea ihalación de aire por la boca, pues aunque todos los bostezos son prácticamente iguales, su forma y duración, así como el contexto en el que se producen permiten diferentes clasificaciones e iterpretaciones.

De media, los bostezos tienen una duración de 41 segundos, con una variación de un mínimo de 3 segundos a un tiempo máximo que supera de largo su promedio. Curiosamente, no se ha encontrado relación entre la duración y la frecuencia y cuando se bosteza repetidamente entre bostezo y bostezo el intervalo de espera es de alrededor de un minuto.

¿Por qué bostezamos?

Aburrimiento, falta de oxígeno, hambre, expresión de rechazo o enfado… El bostezo puede deberse a un sinfín de causas fisiológicas o expresar una actitud que conlleva un mensaje social cuyo significado dependerá del entorno cultural.

Por otra parte, se relaciona con el cambio de actividad, como despertarse o dormir, entendido también como una protección frente a las crisis epilépticas o, según otras de las muchas hipótesis que existen, la provocan los mismos neurotransmisores al activarse o, por ejemplo, permite regular la temperatura corporal o relajar la musculatura del rostro.

La ciencia también atribuye el bostezo a una herencia genética ancestral, llegando a relacionarla con la respiración branquial de los primeros anfibios, sin atribuirle, por lo tanto, ningún tipo de utilidad.

Una teoría aceptada en la comunidad científica asocia el bostezo con una especie de aviso de que hemos de cambiar de actividad para prevenir posibles ataques de un depredador, una explicación que también ayudaría a entender por qué resulta contagioso.

Curiosidades sobre el bostezo
Un reciente estudio de la Universidad de Emory, en Estados Unidos, concluyó que los bostezos eran más contagiosos entre primates con mayor empatía. Se observó que “el bostezo se contagiaba igual que sonreír, fruncir el ceño y otras expresiones faciales”.

Por su parte, un estudio de la Universidad de Pisa (Italia) encontró que los bostezos se contagiaban más entre fammiliares o, en segundo lugar, entre conocidos, siendo mucho menos probable que ocurriese entre extraños. En la misma línea, una investigación de la Universidad de Porto, en Portugal, confirmó lo anterior y demostró que incluso se contagian sólo con escuchar el bostezo.