Dejar de fumar engorda
Que dejar de fumar engorda es algo que tenemos asumido. Cuando menos, todos conocemos a alguien que en el proceso de dejar de fumar coge unos kilos que, por lo común, se achacan al afán de atenuar el síndrome de abstinencia a base de ingestas ansiosas. Éste saber popular tiene su base científica, como ocurre a menudo.

En los recientes XV Congreso Internacional sobre Endocrinología (ICE) y XIV Congreso Europeo sobre Endocrinología (ECE) la doctora Marietta Stadler, del Hospital Hietzing de Viena (Austria) ha expuesto los resultados de un estudio que ha llevado a cabo junto con su equipo en el que concluyen que los cambios en la secreción de insulina tienen una relación directa con el aumento de peso después de dejar el tabaco.

Los participantes del estudio eran fumadores sanos que tenían la intención de dejar de fumar. Se sometieron a pruebas de tolerancia a la glucosa de tres horas (OGTT) en tres momentos diferentes: cuando aún fumaban, a los tres meses de haber abandonado el tabaco y a los seis meses. De igual modo, también se les midió la composición corporal.

Se midió la secreción de insulina en ayunas y después de consumir glucosa. También se hizo una evaluación del apetito permitiendo a los sujetos comer libremente en un bufé. Asimismo, también se midieron los niveles de otras hormonas que participan en la regulación de la absorción de energía.

La doctora Stadler expone sus conclusiones con elocuencia:

Descubrimos que el peso corporal y la cantidad de grasa aumentaron a los tres meses de haber abandonado el tabaco en un 4 % y un 22 % respectivamente; y tras seis meses el aumento fue del 5 % y del 35 % respectivamente.

Para ella y su equipo, lo más sorprendente fue un aumento de la secreción de insulina tras la prueba de la glucosa y de la absorción de carbohidratos tras los tres primeros meses de abstinencia.

A los seis meses, los resultados variaron:

La sensibilidad dinámica a la insulina (la sensibilidad a este compuesto en el estado postprandial) evaluada durante la OGTT no se modificó en ningún momento. La concentración de neuropéptido Y (NPY) 2 en ayunas había aumentado a los tres meses pero no a los seis. Entendemos que las alteraciones en la secreción de insulina podrían están relacionadas con un mayor deseo de consumir carbohidratos y con el aumento de peso que experimentan muchas personas al dejar de fumar. No obstante, el aumento de la secreción de insulina y en la ingesta de carbohidratos parecen ser efectos pasajeros de dejar de fumar, ya que estos cambios no se aprecian después de seis meses aunque los participantes ya hayan engordado.

El estudio también ha mostrado que el mayor aumento de secreción de insulina se produjo en los sujetos que, tras haber dejado de fumar durante al menos tres meses, recayeron en la adicción.

Este estudio es sin duda un gran paso adelante en el conocimiento de cómo el tabaco produce cambios metabólicos y será de gran utilidad para desarrollar investigaciones que toquen este ámbito de enorme interés científico y social.