Dinosaurios y cocodrilos tenían un ancestro común
Una nueva especie bautizada como Teleocrater rhadinus podría ser la clave para conocer el origen de los dinosaurios. En contra de lo que se creía hasta ahora, cocodrilos y dinosaurios compartirían un mismo ancestro muy peculiar.

Según una nueva investigación publicada en la revista Nature, el Teleocrater rhadinus tenía aspecto de una gran lagartija, contradiciendo la creencia de que los arcosaurios, antecedentes de dinosaurios y cocodrilos tienen aspecto de pequeños dinosaurios.

Un importante descubrimiento

Medía casi tres metros de largo, tenía un cuello y cola largos, pesaba unos 30 kilos y tenía “unos rasgos que nos recuerdan a los cocodrilos”, apunta Ken Angielcyk, coautuor del estudio. “Sorprendentemente, podemos decir que los primeros parientes de los dinosaurios no tenían el aspecto de dinosaurios”, concluye al respecto.

Los investigadores explican que el hallazgo desafía los actuales modelos.”Cambia de forma drástica nuestras ideas sobre la historia más temprana de los parientes de los dinosaurios”, considerándolo un descubrimiento tan importante que “solo ocurre una vez en la vida”.

El descubrimiento, basado en fósiles hallados en Tanzania en 1933 y en 2015, obliga a revisar los orígenes de los dinosaurios. De forma general, el hallazgo de esta nueva especie modifica toda la historia de la evolución de cocodrilos, aves y dinosaurios, ya que el Teleocrater rhadinus es el eslabón perdido de la cadena de los arcosaurios, a partir de los que surgieron dinosaruios, pájaros y cocodrilos.

Dinosaurios y cocodrilos tenían un ancestro común

Se cree que el Teleocrater Rhadinus vivió en el Triásico Medio, hace más de 245 millones de años en una región en la que actualmente está India, Brasil y Rusia, si bien todavía se desconocen las causas de su extinción.

“Es asombroso pensar que ha tomado más de 80 años conocer la verdadera importancia científica de estos fósiles”, dice el profesor Richard Butler, otro de los coautores. “Mi colega Alan Charig estaría encantado de ver a uno de sus” animales “finalmente nombrándose y ocupando una posición tan interesante en el Árbol de la Vida”, concluye Paul Barret, otro coautor, que trabaja como científico del Museo de Historia Natural de Londres.