El ‘Homo Erectus’ convivió con otras especies similares ya extinguidas
Conocer exactamente cuáles son nuestros orígenes siempre ha sido algo que nos ha intrigado. Está en nuestra naturaleza el querer descubrir quiénes somos y de dónde venimos. Hoy estamos de enhorabuena: hemos dado un pequeño paso hacia ese conocimiento.

Se trata de un descubrimiento publicado en la revista Nature que dará de qué hablar. Al parecer, existieron varios tipos de homínidos que convivieron con el ‘Homo Erectus’. Sin embargo, según parece, tan sólo nosotros, como ‘Homo Erectus’, sobrevivimos y pudimos evolucionar. ¿Quiénes eran los otros?

Meave Leakey ha sido la prestigiosa paleontóloga encargada de dirigir el estudio. A partir del análisis de tres fósiles que configuran un cráneo y dos mandíbulas ha podido desentrañar lo que ocurrió con la especie humano hace casi dos millones de años en África, nuestro continente original.

Según ha descubierto su equipo, entre 1,72 y 1,96 millones de años atrás convivieron varias especies de homínidos. De los fósiles descubiertos, el cráneo, bautizado como KNM-ER 1470, perteneció con toda seguridad a una especie cuyo cerebro era bastante grande y cuya cara era más alargada que la nuestra.

Asímismo, las mandíbulas parecían pertenecer a esa especie, distinta al conocido ‘Homo Erectus’ del que provenimos.

Gracias a estos descubrimientos se ha desatado un debate entre expertos. Tratan de determinar cuántas especies distintas convivieron durante ese período y quieren saber por qué muchas se extinguieron. La controversia está servida, pues hay partidarios de la multiplicidad de especies y otros, más escépticos, que consideran que los fósiles hallados son tan solo variantes del ‘Homo Erectus’.

El hecho de que no se haya encontrado ningún fósil similar al cráneo hallado por Leakey puede hacer suponer que su teoría es inválida, pero existen indicios de que sí hubo varias especies conviviendo con el ‘Homo Erectus’, entre las cuales el ‘Homo Habilis’ y, según se cree, el ‘Homo rudolfensis’. La publicación en la prestigiosa Nature aporta credibilidad a la tesis.

Apasionante debate que nos ayudará a conocer nuestro origen y nuestra evolución. Y, quién sabe, quizá demos algún día con la respuesta a nuestras preguntas más profundas.