Hacer «clic» con el ratón modifica nuestros patrones mentales
Está claro que la tecnología, tan presente hoy en día en nuestras vidas, nos influencia de una manera u otra. Para bien y para mal, según cómo se mire.

Hoy queremos hablaros de un interesante estudio que demuestra que hacer «clic» con el ratón cambia la forma en la que nuestro cerebro generaliza sus movimientos. A continuación, todos los detalles de esta fascinante historia.

El artículo se acaba de publicar en la prestigiosa revista Current Biology. Según se sabe, las personas que utilizamos el ordenador a diario hacemos un promedio de 7.400 clics a la semana. Y esto tiene sus consecuencias. Konrad Kording lo explica así:

Los ordenadores tienen pantallas con diferentes tamaños y los ratones poseen distintos rendimientos. Nuestro cerebro quiere conocer esto rápidamente para no tener que volver a aprender todos los movimientos posibles cuando cambiemos de equipo. Si aprendemos a generalizar, con solo mover el ratón una vez ya estaremos calibrados.

En el estudio se demostró, por ejemplo, que los trabajadores chinos, muy habituados a utilizar el ordenador, son capaces de hacer generalizaciones más amplias en el aprendizaje frente a otros grupos menos acostumbrados al ordenador.

El bien y el mal de las nuevas tecnologías

Se puede decir, por lo tanto, que el uso del ratón y el aprendizaje de su movimiento desarrollan áreas particulares del cerebro. Esta idea debe extenderse a cualquier cosa que requiera de esfuerzo mental. Es la prueba de que la única manera de adoptar agilidad en una tarea es con la práctica y el ejercicio.

Por otro lado, merece la pena destacar que, además de cambiar la representación neural de nuestros movimientos, el uso intensivo del ordenador también puede cambiar nuestro estilo de vida. Pensemos en la época en la que no había ordenadores ni Internet ni móviles. ¡Era tan absolutamente distinto! Necesariamente eso ha influido en nosotros. Pero, al margen de esta nota benévola, ¿qué efectos perniciosos pueden haber desarrollado las nuevas tecnologías? ¿Falta de atención? ¿Fragmentación de los discursos? El debate queda abierto.