Huracanes sin control por el cambio climático
Decir que los huracanes pueden ser letales no sorprende a nadie. Lamentablemente, sabemos hasta dónde pueden llegar. O quizá no, y no solo por que la Naturaleza puede ser imprevisible, sino por las dimensiones que puedan llegar a tomar a consecuencia del cambio climático.

No es una hipótesis improvisada, sino la conclusión de un reciente estudio publicado en la revista Nature Climate Change, basado en modelos informáticos. Su objetivo era precisamente éste, determinar la gravedad de las tormentas de provocar huracanes de alto impacto. ¿Cómo serán las tormentas del futuro?

Las tormentas “cisne gris”

Las características del huracán se midieron estudiando la posibilidad de que hubiera “una probabilidad muy baja o muy alta de que se produjeran huracanes de alto impacto” en las próximas décadas, bautizados como “cisnes grises”, cuyo denominador común es ser tormentas raras y ultra intensos, ciclones tropicales que no se pueden predecir.

Los patrones patrones pluviales futuros no permiten ser más optimistas. El estudio confirma la posibilidad de que estos eventos extremos se produzcan si el cambio climático sigue avanzando, con los consiguientes efectos en aumento de temperaturas y del nivel del mar. Su rareza, considerarse insólitas, no significa que no puedan producirse. Todo lo contrario, podrían producirse en el siglo XXI si no frenamos el cambio climático.

Puesto que estas espantosas predicciones de científicos del MIT y de la Universidad de Princeton se han realizado a partir de un modelo basado en un descontrol del cambio climático, puede afirmarse justo lo contrario. Ver la botella medio llena significa afirmar que la probabilidad de que se produzcan estas devastadoras tormentas disminuiría si se logra controlar el calentamiento global.

Huracanes sin control por el cambio climático
La gravedad de los huracanes, concluye el estudio, depende de las condiciones climáticas, y las tormentas del futuro pueden llegar a ser mucho peores que las actuales. Uno de los peores escenarios en el modelo para el presente siglo dibujó un escenario propio del fin del mundo: una tormenta en Tampa (Florida, Estados Unidos) con un impacto que dobla la peor tormenta pronosticada teniendo en cuenta las condiciones actuales.