Informática inspirada en las abejas
Las abejas han sido objeto de observación de pensadores de diversas disciplinas, y ya le prestaron especial atención personajes de la talla del filósofo Henri Bergson o el dramaturgo Maurice Maeterlinck. Ahora, estos productivos insectos se han convertido también en una fuente de inspiración para los informáticos.

‘Arco’ es un grupo que investiga el comportamiento de las colmenas productoras de miel, y sus más recientes conclusiones parecen apuntar ideas que podrían suponer un progreso en el software dedicado, principalmente, a la secuenciación del ADN.

Miguel Ángel Vega, investigador de la Universidad de Extremadura (UEx), comenta que hay tres tipos de abejas, cada una de ellas con una función específica que se complementa con las demás. Son: abejas obreras, abejas observadoras y abejas exploradoras.

Las abejas obreras recolectan el polen e informan a las observadoras dónde se encuentran las flores, aportando con su baile información acerca de la distancia de éstas y de la cantidad de polen que poseen. Las abejas observadoras analizan la información que reciben de las distintas abejas obreras y deciden hacer caso a aquéllas que consideren más convincentes. Por último, las abejas exploradoras se aventuran por terrenos desconocidos en busca de nuevas flores.

Si pasamos esta organización a la informática, podríamos decir que las flores son la solución, y que el polen es la calidad de dicha solución. Los algoritmos informáticos buscan soluciones aproximadas, seleccionando de entre las obtenidas la mejor en virtud de su calidad y eficiencia.

Los algoritmos bioinformáticos son especialmente útiles dentro del campo de la genética porque permiten una eficaz búsqueda de secuencias y patrones, y a partir de ahí pueden llegar a etiquetarse nuevas funciones, por ejemplo, o incluso nuevas proteínas.