La curiosidad, clave para memorizar
La memoria, esa capacidad mental que nos permite registrar, conservar y evocar ideas, imágenes, acontecimientos, sentimientos o sensaciones, es una función del cerebro que no siempre resulta todo lo elástica que uno quisiera. Sin embargo, podríamos explotar más sus posibilidades sacándole partido a ese comportamiento inquisitivo espontáneo que conocemos como curiosidad.

Vaya por delante que no hablamos del bombardeo de información al que actualmente estamos sometidos con las nuevas tecnologías, pues en este caso el problema de falta de retención no es nuestro, sino externo, ya que son las circunstancias las que nos “impiden tener ese tiempo natural que necesita el cerebro humano para asimilarla”, según explica Mariano Sigman, director del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad Torcuato Di Tella, en Italia.

Retener cualquier información

Si preguntáramos al mejor memorizador de la historia, el español Ramón Campayo, la memoria es cuestión de entrenamiento y de perderle el miedo a lo que deseemos aprender. De hecho, aunque la genética juega su papel, el machaque mental al que se somete este recordman de memoria rápida y siete veces ganador del título mundial de memorización, incluye lectura muy rápida y afinación del procesamiento cerebral utilizando métodos como la autohipnosis y la sofrología.

Un método más de andar por casa es hacer que la materia o información en cuestión nos resulte interesante. En un artículo que publica la revista Neuron se asegura que la expectación que nos genera un tema pone al cerebro en un estado que nos permite aprender y retener cualquier clase de información. Hasta el punto de que absorbe no sólo lo que nos nos interesa, sino que también “succiona” además los datos que rodean a la materia que despierta nuestra curiosidad.

La curiosidad, clave para memorizar
De algún modo, esa curiosidad ayuda a “hacer desaparecer la sensación de dificultad”, requisito que Campayo considera esencial para atreverse con el aprendizaje de una nueva lengua o de cualquier otra materia desconocida. Ese retroalimentar la motivación es lo que consigue mantener viva la memoria, en suma, lo que se traduce en una mayor actividad en el hipocampo, región del cerebro asociada a la formación de nuevos recuerdos.