La NASA reconoce que sólo cabría rezar si un asteroide amenazara a la Tierra
Hemos hablado bastante de asteroides en las últimas semanas. Y muchas veces lo hemos hecho con la seguridad de que se trataba de un fenómeno natural perfectamente controlado. Pero nada más lejos de la realidad.

El administrador jefe de la NASA, Charles Bolden, ha reconocido ante la Comisión del Ciencias del Congreso de Estados Unidos, que la NASA no podría hacer otra cosa que rezar si un asteroide amenazara a cualquier ciudad del estado. Vaya, que no tienen ni idea de cómo protegernos de la amenaza.

Las preguntas fueron formuladas a partir del suceso que tuvo lugar el 15 de febrero, cuando un misterioso asteroide explotó en Chelyabinsk, provocando ondas de choque y daños de diversa magnitud, así como 1.500 heridos. Días después de este fenómeno, otro asteroide pasaba rozando la Tierra. Naturalmente, el asunto se ha vuelto repentinamente serio: se trata de una amenaza real. Esto es lo que ha dicho Bolden:

Estos eventos sirven como prueba de que vivimos en un sistema solar activo, con objetos potencialmente peligrosos que pasan por nuestro vecindario con una frecuencia sorprendente.

La NASA reconoce que sólo cabría rezar si un asteroide amenazara a la Tierra

Catálogo de amenazas

La NASA y una parte importante de astrofísicos de múltiples países, siguen catalogando los objetos que pululan por el Sistema Solar. De momento, se han identificado cerca de un 95% de los objetos más grandes, aquellos que podrían destruir una civilización entera de impactar contra nuestro planeta.

Sin embargo, hay una cantidad enorme de pequeños asteroides, de menos de 50 metros de diámetro, por catalogar. Uno solo de ellos podría destruir una ciudad del tamaño de Nueva York.

Según las estimaciones, tan sólo una vez cada diez mil años llega una roca de estas características a impactar contra nuestro planeta. Pero objetos de tamaño algo inferior y también muy peligrosos llegan a la Tierra una vez cada mil años.

Por este motivo se está intensificando la investigación y la vigilancia. Todos recuerdan el terrible fenómeno que tuvo lugar en 1908, en Tunguska, cuando un asteroide explotó sobre Siberia y arrasó 2.150 kilómetros cuadrados.