Las pupilas son indicadores fiables de la excitación sexual
Hay cosas que nos encantaría saber. Por ejemplo, saber si le gustamos a una persona en concreto. Tener la seguridad física de que le gustamos a alguien. Está claro que se trata de un sueño en el que quizá la ciencia tenga muchas cosas que decir.

Y así es. Un estudio de la Universidad de Cornell ha confirmado que la orientación sexual de una persona puede comprobarse a partir de la dilatación de la pupila cuando esta se fija en una persona atractica. Parece una evidencia, pero resulta que este mito aún no había sido demostrado por la ciencia. Vamos a ver en qué consiste.

El estudio se ha publicado en la revista científica PLos ONE. Los investigadores utilizaron lentes de inflarrojos para medir los cambios en las pupilas de un grupo de voluntarios. Estos voluntarios tenían que ver una serie de vídeos, entre los cuales algunos eróticos. Así, cuando aparecían personas atractivas para los voluntarios, sus pupilas aumentaban ostensiblemente de tamaño.

El autor principal del estudio, Gerulf Rieger, lo explicó con claridad:

Hemos encontrado una medida alternativa para medir la orientación sexual. La respuesta de las pupilas funciona con precisión. Con esta tecnología podremos explorar la orientación sexual de las personas y nos permitirá comprender la sexualidad en las diversas culturas del planeta.

Efectivamente, aunque se haya confirmado el asunto de la pupila, será difícil que nosotros, en cualquier situación de la vida cotidiana, podamos tener en cuenta este factor como una medida fiable. Las variaciones del tamaño de la pupila son demasiado pequeñas y, muchas veces, dependen del ambiente que rodea al sujeto. Así que, de momento, o aguzamos la vista, o nos fiamos del instinto.

Este estudio en concreto sirvió, sobre todo, para demostrar algunas pautas de la poco conocida bisexualidad. Hasta ahora esta tendencia, tanto en hombres como mujeres, se asociaba a patrones culturales como el romanticismo o la identidad. Ahora se ha demostrado que dicha conducta tiene bases fisiológicas claras.

La ciencia, una vez más, da respuesta a un mito. Ahora a ver cómo nos las ingeniamos para aplicarlo a la vida cotidiana.