Los psicópatas no aprenden del castigo
Los psicópatas tiene distintos grados y tipologías, pero en general se considera un trastorno de personalidad antisocial, sin problemas cognitivos pero sí con una clara deficiencia en lo afectivo. Son estos graves daños en la capacidad afectiva, eso que llamamos falta de empatía, uno de sus rasgos más importantes, si bien no es el único.

De acuerdo con un reciente estudio llevado a cabo por psiquiatras forenses y neurocientíficos, además de la falta de empatía, los psicópatas condenados por delitos graves también tienen problemas para aprender a partir del castigo. Por contra, siempre según el trabajo, pueden responder ante el premio.

Con penalizaciones no modifican la conducta

En el estudio se escaneó el cerebro de una docena de psicópatas encarcelados por asesinato, violaciones o intentos de homicidio con el fin de registrar su actividad mental mientras participaban en un juego que penalizaba o premiaba sus decisiones dándoles o quitándoles puntos. En particular, se buscaba inducir un aprendizaje adaptativo al intentar provocar cambios en la conducta como respuesta a la penalización que se realizaba a conductas que ellos creían acertadas.

Igualmente, se sometieron a la prueba otros participantes que no tenían un perfil psicopático, divididos en dos grupos, uno de ellos formado por reclusos no psicópatas que habían cometido delitos muy graves y otro por personas libres, sin problemas mentales. De este modo, pudieron establecerse comparaciones entre ellos, con un resultado sorprendente que diferenciaba a aquellos del resto.

Castigo psicopata
Sólo el grupo de psicópatas registró una actividad cerebral y conexiones entre distintas partes del cerebro distinta, lo que los científicos llaman “anormalidades funcionales en la materia gris y en las fibras nerviosas de la materia blanca”, explican los autores.

Se detectaron diferencias en el procesamiento de la información y la cognición, así como en la coordinación del flujo de información entre las áreas cerebrales. En la práctica, esta disfuncionalidad se traduce en una valoración realista de las consecuencias positivas pero no de las negativas. Por lo tanto, tienen serios problemas para aprender del castigo, y ésta es la razón por la que se revela como ineficaz para lograr cambios de conducta.

Este hallazgo, por último, podría ayudar a plantear de un modo más efectivo los programas destinados a este colectivo pues, básicamente, los castigos para ellos no son un mecanismo capaz de obrar una transformación, especialmente si buscamos un cambio de conducta, concluye el trabajo del Instituto de Psiquiatría del King’s College de Londres en colaboración con la Universidad de Montreal, publicado en la revista Lancet Psychiatry.