Los sacrificios humanos, claves para mantener el poder
Como es bien sabido, el estudio de la evolución humana incluye la formación de sociedades y, con ellas, la estratificación social conforme las sociedades fueron evolucionando y, en fin, haciéndose más complejas. Un tema sociológico con un sinfín de implicaciones y sorpresas que van desde la antropología más cotidiana hasta las prácticas públicas que iban conformando las sociedades.

Pocas prácticas son tan salvajes y al mismo tiempo claves en el proceso de la civilización humana, entendida desde la dimensión de socialización y conformación de sociedades organizadas. Una paradoja que en realidad no lo es, teniendo en cuenta que el orden social no deja de ejercer la coherción. Incluso hoy, en las “pretendidas” sociedades igualitarias.

Un mecanismo eficaz: la ley del terror

Según concluye una nueva investigación publicada esta semana en la revista Nature, la utilidad del sacrificio humano para mantener el poder cobró una gran importancia en numerosas sociedades.

Joseph Watts, especialista en la evolución cultural de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, lideró un estudio que analizó datos históricos de 93 culturas austranesias antes de su contacto con las socieades modernas.

Descubrieron que en 40 de ellas se practicaban matanzas humanas como ritual, concluyendo que el sacrificio humano jugó un papel clave en las sociedades antiguas.

El estudio también afirma que estas prácticas también podrían haber sido muy útiles durante la transición hacia la sociedades complejas modernas, puesto que estos sacrificios facilitaban el mantenimiento de la parte superior de la jerarquía social que ostentaba el poder.

Los sacrificios humanos, claves para mantener el poder
Las víctimas solían ser esclavos o personas de baja extracción social, y estos rituales eran más comunes en las sociedades más estratificadas. “Con estos sacrificios se castigaban las violaciones de los tabúes para desmoralizar e intimidar a la clase baja. Fue así como las élites lograron construir el poder social”, apunta el experto.

Con el devenir de los tiempos, la violencia se ha institucionalizado, es más difusa, y no llega de este modo tan directo. No hay verdugos físicos, pero tampoco hay que ser un lince para darse cuenta de que los grupos más poderosos siguen ejerciendo su poder. Lo hacen con otras herramientas, pero lo hacen, y el resultado no deja de ser un aniquilamiento. Otro tipo de muerte, más sofisticada, pero muerte, al fin y al cabo. Y luego dicen que no existe el crimen perfecto.