¿Por qué parpadeamos?Parpadeamos entre doce y veinte veces por minuto, unas 12.000 veces al día, si bien cuando estamos frente a la pantalla del ordenador se reduce a menos de la mitad, y si algo nos sorprende o no queremos perdernos ni una y abrimos los ojos como platos, y eso de parpadear se nos olvida.

Pero eso no es todo, la casuística del parpadeo es realmente curiosa. Se ha demostrado, por ejemplo, que parpadeamos más despacio cuando estamos aburridos y ocurre todo lo contrario cuando estamos nerviosos. Los parpadeos, entonces, se disparan, e incluso se cree que hacerlo en exceso es signo de tensión e incluso se ha encontrado un patrón de parpadeo cuando se dicen mentiras.

¿Parpadean más los mentirosos?

Según un estudio de la Universidad de Porstmouth, en Reino Unido, parpadeamos menos cuando no decimos la verdad, básicamente porque mentir exige más concentración que no hacerlo, ya que se precisa de un mayor esfuerzo cognitivo. Sin embargo, esto no siempre es así, por lo que solo pudo demostrarse en las situaciones en las que mentir requería una demanda cognitiva, observándose un aumento de parpadeos justo cuando se había contado la mentira.

La explicación médica

El parpadeo es un mecanismo de protección ocular. Habida cuenta de que los ojos son los sensores más delicados del cuerpo, y de que en buena parte están expuestos a la luz, el sol, el polvo y el medioambiente en general, estar abiertos es un riesgo que debe minimizarse.

¿Por qué parpadeamos?
Además, los ojos necesitan lubricación frecuente para conservarse limpios, con el fin de realizar su función: distinguir bien. De este modo, desde un enfoque médico o anatómico, el parpadeo tendría fundamentalmente esta doble función protectora y lubricante, en este segundo caso mediente una película de lágrimas que limpiaría la polución y actuaría de lubrificante.

Dentro de esa misma función protectora, parpadear puede obedecer a una protección contra los ruidos, un resplandor repentino o cualquier otra amenaza que suponga una fuente de tensión o incertidumbre, entre otras posibles causas todavía por descubrir.

La ilusión de seguir viendo

El parpadeo es tan rápido, cuestión de un instante, un tiempo suficiente, sin embargo, para que literalmente se nos hiciera de noche durante ese momento. Sin embargo, no es así. A no ser que nos concentremos en ello, normalmente nadie es consciente de que parpadea, ni mucho menos de que cuando se cierra el párpado se deja de ver.

“En ese momento el cerebro se inventa que sigues viendo. Es otro ejemplo más de que la percepción sensorial se inventa, en parte”, explica el neurólogo José María Delgado-García, fundador del Laboratorio de Neurociencia de la Universidad de Sevilla.

Las emociones y el parpadeo

Otras teorías, como la del científico Shawn Kerry, autor del libro “Animation Tips & Tricks”, aluden a un cambio en nuestro proceso de pensamiento como explicación más allá de la meramente fisiológica. “Parpadeamos para mostrar u ocultar una emoción, en medio de un giro rápido de cabeza”, apunta.