¿Por qué nos gusta besar?
“Me debes un beso”, dice la famosa canción, el título alguna que otra novela y, sin duda, también miles, millones de corazones enamorados de todo el mundo. Porque los besos rara vez sobran, y nunca pasará de moda aquel “Bésame, bésame mucho”, ni ese otro beso de la flaca por la que Jarabe de Palo daría lo que fuera, “aunque sólo uno fuera”…

¿Pero, qué tienen los besos que tanto gustan? Darlos, recibirlos, sentirlos, hacer sentir con ellos y, en fin, dar y recibir cariño, transmitir amor, ternura, deseo, agradecimiento es un lenguaje universal cuyo origen y función la ciencia ha intentado descifrar en más de una ocasión.

Supervivencia y aptitud genética

En efecto, son muchas las teorías que han intentado dar una respuesta a tan amorosa cuestión. Uno de ellos fue Sigmund Freud, asociaba el beso a un gesto simbólico que recreaba la época del amamantamiento.

En los años sesenta, el zoólogo Desmond Morris se fijó en la costumbre de los primates hembras con sus hijos, a los que alimentaban con la boca, tras masticar el alimento.

O, según científicos de la Universidad de Oxford, los besos responderían necesidad de acercarse al otro para obtener información sobre la aptitud genética y compatibilidad con vistas a la reproducción. Es decir, los besos nos ayudan a elegir un buen amante.

¿Por qué nos gusta besar?
Desde un enfoque más social, el mismo estudio, publicado en la revista Human Nature y Archives of Sexual Behavior, considera que el beso es una estrategia de seducción que va más allá de buscar la excitación sexual. Por lo tanto, ayudarían tanto a aumentar el deseo como a conseguir una relación más duradera. Amor y sexo, todo en uno.

Otra de las explicaciones se la debemos a Kazushige Touhara, científico de la Universidad de Tokio, que ve en los besos un modo de suplir la falta de feromonas señales químicas volátiles que transmiten información valiosa para elegir pareja.