La cerveza y la tripa cervecera
Se estima que la cerveza fue creada por vez primera alrededor del año 10.000 a. C., en Mesopotamia y Sumeria, y desde entonces a nuestros días ha ido pasando de generación en generación, de cultura en cultura, incorporando en su proceso ciertos hallazgos –la máquina de vapor, el descubrimiento de la fórmula de producción en frío…- que han dado como resultado la cerveza actual. O mejor, las cervezas, porque las innúmeras variaciones que permite esta bebida en su proceso permiten resultados diversos, aptos para todos los gustos, tal y como demuestra la rica oferta que a día de hoy podemos encontrar y disfrutar.

La cerveza ha dado nombre a un tipo de gordura: la famosa “tripa cervecera”, una suerte de panza redonda y poco derramada cuya causa se atribuye al consumo excesivo de esta bebida. Sobre los efectos del consumo excesivo sería imprudente aventurar nada, no obstante valga señalar que los médicos Ramón Estruch, del Servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic, y Rosa Lamuela, del departamento de Bromatología y Nutrición de la Universidad de Barcelona, concluyeron tras un estudio que el consumo moderado de cerveza no provoca ni aumento de la grasa corporal ni acumulación de grasa en la cintura.
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En caso de guerra nuclear, la cerveza sería la bebida más segura
Lo post-apocalíptico está de moda. No hay día en que no aparezca al mercado alguna película ambientada tras el final del mundo, algún videojuego o algún libro. Nos van las catástrofes. Por eso hay mucha gente desde el mundo de la ciencia que se ocupa de un hipotético caso de destrucción completa de la Tierra.

Y sus descubrimientos merecen la pena. Al parecer, una de las bebidas que mejor absorben la radiación nuclear es la cerveza. Vamos a conocer algunas de las virtudes post-apocalípticas de esta mítica bebida.
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