Un neurocirujano escéptico cree que visitó el cielo cuando estuvo en coma
Su nombre: Eben Alexander, un reconocido neurocirujano estadounidense que siempre se reconoció como escéptico. Hasta que un suceso le cambió la vida: estuvo una semana en coma en el año 2008 y ahora asegura que visitó el cielo.

A continuación, descubrimos esta apasionante historia que nos lleva directamente a una de las fronteras últimas de la ciencia: la muerte y sus consecuencias.

El 10 de noviembre de 2008, a los 54 años, Eben Alexander se despertó con un dolor de cabeza insoportable. Se trataba del primer síntoma de un derrame cerebral que habría de bloquearle poco después.

Su cerebro había sido infectado por la bacteria E. Coli, una bacteria muy resistente, por cierto, al tratamiento con antibióticos. Esta misma bacteria estaba destruyendo su neocorteza, hecho que provocó que el Eben cayera en un estado de coma a lo largo de una semana.

Según cuenta, a lo largo de esos siete días, vio una luz blanca y dorada que calificó como maravillosa y extraordinaria. Al mismo tiempo dijo escuchar la música más hermosa que ningún ser humano ha oído nunca. Y la cosa no acaba aquí, porque al parecer también fue visitado por un ángel que le condujo al cielo.

Un neurocirujano escéptico cree que visitó el cielo cuando estuvo en coma

Una experiencia extrasensiorial… ¿cierta?

Eben cuenta que la experiencia que experimentó, a partir de sus conocimientos del cerebro, fue totalmente verídica y no fruto de las alucinaciones:

Lo que vi no fue un túnel, aunque sí tuve la sensación de ascender por un valle estrecho y oscuro para llegar a otro con una luz espléndida y unos colores indescriptibles. El lugar en el que estuve es un sitio maravilloso, reconfortante y lleno de amor. No tengo miedo a morir porque ahora sé que no es el final.

Dicha experiencia ha sido publicada en un libro que ya lleva 26 semanas seguidas entre los más vendidos según el The New York Times. Y lo cierto es que cuando un científico se convierte de esta manera en un fiel creyente, muchos prestamos atención.

Sin embargo, aún no hay bases científicas sólidas para certificar que lo que vivió fue cierto. ¿Vosotros qué pensáis?