Biología

El gato salvaje africano, padre de los gatos domésticos
Son animales domésticos, gatos del bigote al rabo, unos tigres en miniatura que podemos acariciar, al decir de Victor Hugo. ¿Pero, dónde empezaron a domesticarse, y cómo acabaron llegando a los cuatro rincones del planeta? Un nuevo estudio publicado en la revista Nature Ecology & Evolution nos lo cuenta.

Sus maullidos, ronroneo, su suave pelaje, su gracia y elegancia está presente en prácticamente todo el mundo. Hablar el idioma gato, sin embargo, es una cuestión mucho más complicada. De hacerlo, podríamos preguntarles por sus orígenes, esos de los que lo cierto es que ni siquiera ellos pueden dar cuenta.

La ciencia ha tenido que ponerse manos a la obra para indagar al respecto. Si en la era digital las redes rinden homenaje perpetuo a su figura, a su divertida pillería y, en fin, a sus inefables encantos, echar la vista atrás para trazar la historia común de humanos y felinos es otro modo de rendirle la pleitesía que merece a tan majestuoso como accesible félido.

Justamente, es lo que ha hecho un equipo internacional de científicos, para los que su domesticación la llevaron a cabo los primeros agricultores del Próximo Oriente. De aquello hace unos 10.000 años, es decir, bastante más tarde que los perros, que lo hicieron hace unos 30.000 años.

Posteriormente, se extendieron distintas partes del mundo a través de las rutas comerciales, incluyendo las marítimas, y con el tiempo han ido mostrando manchas en su pelaje, pues hasta la Edad Media la mayoría tenía el pelaje rayado.

Son algunas de las conclusiones que ha establecido el mencionado estudio genético, realizado gracias a restos arqueológicos de unos 200 gatos, cuyo ADN ha sido analizado.

El origen de los gatos domésticos

Encontrados en distintos yacimientos, como momias egipcias o cuevas de la Edad de Piedra, entre otros sitios arqueológicos de Europa, África y el Cercano Oriente, los resultados de estos análisis genético han permitido concluir que los gatos actuales descienden del gato salvaje africano, una subespecie del gato montés euroasiático.
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Los primates y los seres humanos
Ya se sabe que los seres humanos y los primates compartimos muchas semejanzas tanto desde el punto de vista físico, como desde el emocional. Sin embargo, un estudio ha demostrado que estas similitudes van mucho más lejos. El motivo de esta conclusión es que los orangutanes y los humanos compartimos hasta el 97% de nuestros genes, unos parientes un poco más lejanos que los chimpancés con quienes compartimos hasta el 99%.

La investigación ha sido realizada por 30 laboratorios de siete países diferentes donde también han participado varios expertos españoles. Uno de los datos más reveladores y determinantes en este hallazgo ha sido el genoma conocido como el hombre de los bosques, hasta ahora desconocido.
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Descubren por qué hay plantas carnívoras
Las plantas carnívoras no han llegado a realizar un mismo comportamiento mediante una evolución común. Un nuevo estudio internacional atribuye esta curiosa variación de corte depredador a la falta de nutrientes del entorno, y descubre cómo plantas de distinta especie acaban evolucionando de este modo para adaptarse al medio.

La depredación es el plan b de algunas plantas. Si hay falta de alimento recurriendo a lo de siempre y, en fin, su obtención de forma convencional resulta insuficiente, siempre hay otra alternativa. Ir a la caza de los insectos para suplir esa carencia. Pura supervivencia, ni más ni menos.
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¿Qué es la cocina bioluminiscente?
Recuerdo aquel famoso anuncio que preguntaba a qué olían las nubes y resulta inevitable no hacerlo una y otra vez a la hora de intentar explicar en qué consiset la cocina bioluminiscente.

No en vano, la comida es algo muy concreto, y los sentidos del gusto, la vista y el olfato están muy implicados en cualquier degustación o disfrute de la manduca. Sin embargo, el concepto de bioluminiscente es mucho más etereo y aunque fascina a nivel visual, resulta complicado ubicarlo en el campo de la gastronomía.
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Murcielagos-memoria-espacial
¿Que los murciélagos nunca han probado la sangre humana? La leyenda de Drácula no está tan alejada de la realidad como pudiera pensarse. Eso sí, el apetito por nuestra sangre que demuestra alguno que otro murciélago pudiera ser simple anécdota.

La noticia ha corrido como la pólvora. No es de extrañar. Su titular tiene tirón, y por otro lado es fácil caer en sensacionalismos. Sin embargo, eso sería alejarse de la misma y, en fin, fabular. Pero veamos de primero de qué se trata.
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La dopamina, clave en la sensación del paso del tiempo
El tiempo es subjetivo, ya que depende de cómo lo percibimos, al margen de aparatos centrados en la velocidad objetiva a la que pasa, cuestión que realmente miden los relojes.

Dentro de este campo tan personalísimo podría tener un papel clave la dopamina, el mismo neurotransmisor que interviene en el amor, la motivación y la recompensa de acuerdo con un reciente hallazgo publicado en Science.
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Óvulos fértiles a partir de células de la piel
Las consecuencias de este exitoso experimento podrían ser, simple y llanamente, el fin de los problemas de esterilidad. Y es que biólogos japoneses han conseguido convertir células de la piel de unos ratones en óvulos fértiles.

Pero hay más: esos ovocitos artificiales luego se convirtieron en ratones sanos, abriendo la puerta a la procreación humana sin necesidad de contar con óvulos a priori.
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Longevidad: soplar 125 velas, el tope humano
Cumplir más de 125 años está más que permitido, faltaría más, pero la ciencia no lo ve factible. Simplemente, lo consideraría una excepción a la regla, aquella que establece la edad máxima del ser humano en ese siglo y cuarto de existencia.

En efecto, un estudio estadounidense publicado en la revista Nature, la duración de la vida humana podría tener un límite biológico establecido en esos 125 años, una edad en la que “las probabilidades de vivir son casi inexistentes”.
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